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La palabra emprendedor, no la debemos confundir simplemente con “alta de autónomo” o “constitución de sociedad”, el concepto debe ser mucho más amplio se trata “implantar un negocio”. En muchas ocasiones confundimos las ideas o las percepciones al estar influidas por la ilusión, por las ganas.

Es primordial que a la hora de querer llevar a cabo una idea contar con esa ilusión pero no puede cegarnos a la realidad. Vamos a intentar valorar aquellos errores más habituales:

  • Una buena idea no significa una oportunidad

De nada sirve tener una buena idea si no tengo los conocimientos sobre cómo funciona ese sector, costes del producto, precio de mercado, demanda de los clientes

  • No saber aprovecharse de la experiencia de otros

Querer montar un negocio en un establecimiento que ya estuvo funcionando simplemente porque el empresario anterior “no supo llevarlo” pero ¿me he parado a pensar por qué falló? Tendré que valorar donde está establecido, ver si lo que quiero ofrecer cubre una necesidad, qué competencia hay. O tal vez observar a otros negocios que vemos que funciona ¿qué está haciendo para diferenciarse?

  • No tener claros los objetivos

A medida que avanza el proyecto, saldrán nuevas ideas, nuevas decisiones, cambios… eso está bien, siempre que tengamos claro el objetivo final, no podemos perdernos en un entramado de intenciones, ni alargarlas excesivamente en el tiempo, pues al final son costes.

  • No elegir bien al equipo humano

La actitud, la aptitud, la profesionalidad de los que van a ir contigo en este viaje es otro de los puntos cruciales. No solo cuenta la profesionalidad sino que tengáis un modo de hacer similar, debe haber una empatía entre todos, sea personal contratado o subcontratado.

  • No saber trasladar mi idea

La comunicación que debo tener con los inversores, con las entidades bancarias y por supuesto con nuestros posibles clientes debe ser clara y transmitir seguridad, profesionalidad, seriedad. Un catedrático será una persona excepcional en su materia pero puede que no sepa trasladar esos conocimientos a los alumnos. Una cosa similar pasa en los negocios, si no soy capaz de convencer, de nada sirve que la idea sea la mejor del mundo.

  • Falta de humildad

“Yo puedo con todo”, “no necesito a nadie”, si tienes esta forma de pensar, lo más probable es que tu negocio o tu proyecto tenga los días contados. Puedes delegar más o menos pero siempre es necesario tener un equipo del que puedas tirar cuando haga falta, gente de confianza.

  • Falta de formación

No nos referimos a tener una titulación universitaria, nos referimos a tener una formación real sobre el producto o el servicio que queremos comercializar, preocuparnos por conocer el mercado en el que queremos entrar, el producto que queremos ofrecer, cómo introducirlo.

  • Tardar demasiado por buscar el momento oportuno

Querer buscar el momento óptimo del lanzamiento, que todo esté perfectamente perfilado puede condenarnos, el tiempo que transcurre hasta ese momento son costes económicos y de oportunidad, “mejor hecho que sencillo”, lánzalo y luego sigue perfeccionando.

  • La tecnología no es para mí

Es cierto que es un mundo que avanza demasiado rápido, pero es imprescindible intentar comprenderlo, estar presente. Puedo también delegar en personas que se encarguen de hacer un posicionamiento SEO, que me haga visible en la redes sociales, un diseñador que haga mi página atractiva, pero siempre hay un mínimo de tecnología que tendrás que controlar.

  • No estar preparado para crecer rápido

Aunque parezca raro, tan malo es no crecer como hacerlo de manera tan rápida que no nos dé tiempo a adaptarnos, una mala publicidad, hace mucho daño, hay que trabajar luego más que si empezaras de cero

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